17 diciembre 2015

Salir cagado de casa.

Permitidme una reflexión ya que esta mañana he estado pensando en el tema y si no lo escribo reviento. Es sobre el tema de las mascotas y sus deposiciones fisiológicas en la vía pública.

Mi ciudad está llena de mierda lo que es un hecho irrefutable, he viajado por otros países y en sus pueblos y ciudades nunca he visto tal cantidad de caca por metro cuadrado, pero no voy a recordar a los propietarios de perros, monos, cerdos o camellos que tienen que recoger las ñordas con bolsas de plástico para tirarlas en las papeleras más que nada porque no estoy de acuerdo con tal práctica.

Una ficción literaria que servirá como ejemplo:

- Mamá quiero ir a la calle!
- Ahora no que estoy viendo "Sálvame" y necesito saber si a Belén Esteban le ha crecido la almorrana.
- Mamá, por favor!
- Que no joder!! ¿Ves? ahora sale Paquirrín, creo que se ha comprado un iPhone...
- Coño Mamá ¡QUE ME CAGO!
- Haberlo dicho antes hostia! venga, te bajo rápido, te jiñas en alguna farola y nos subimos corriendo que van a entrevistar a Bertín Osborne.

¿A que no queda bien? pues claro que no, a los perros hay que sacarlos a la calle cagados, primero cagan en su casa (me da igual donde) y una vez que han satisfecho sus urgencias fisiológicas entonces y solo entonces pueden salir a ladrar, oler culos o lo que quiera que les divierta. Los perros no deben cagar en la vía pública al igual que no debe hacerlo una persona.

Ahora bien ¿Cómo se gestiona esto?

Primero se me ocurrió un tipo de pavimento que reaccione con la caca provocando una detonación pequeña que mataría al chucho en el acto (sin sufrimiento) pero descarté la idea porque el ruido podría ser muy molesto y además el susodicho pavimento podría ser muy caro. Pensé en algún tipo de chip con GPS implantado en el can que detenga la recta final de la digestión provocando alguna suerte de estreñimiento en el animal que solo cesaría al llegar a casa pero lo descarté porque dados los recortes en I+D en Ejjjpaña se me antoja muy difícil llevar a cabo tal invento. Pensé en francotiradores de paisano apostados en terrazas con rifles con mira telescópica dispuestos a liquidar cualquier chile que se atreva a rilarse en la calle, eso reduciría el paro pero dejaría un charco de sangre en la acera tan desagradable como la misma caca que queremos evitar.

Al final di con la solución:

Se trataría de un chip implantado en las cercanías del filipino, asterisco u ojete del chucho cuya función sería emitir una señal por cada cagada a una base de datos en la nube de tal suerte que el dueño recibiera una multa de 50 euretes por la primera mierda, 200 si se reincide y 600 o más por tercera vez, en caso de impago se aplicarían los consiguientes recargos y si persistiera el incívico escaqueo podría ser confiscado el animal y guardado en algún tipo de perrera; dentro de los domicilios se instalaría un inhibidor de señal de manera que el perruzo pueda cagar todo lo que quiera siempre que esté dentro de su casa. Barato, efectivo y sencillo.

Y nuestro querido Albacete limpio como una patena.